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COSMÉTICA SIN QUÍMICA

La piel es el órgano muy sensible que puede absorber sustancias toxicas. De ahí el auge de la cosmética basada en ingredientes vegetales. Flores de azahar, pepitas de manzana, aceites de rosas y de aguacate... los ingredientes naturales son argumentos publicitarios muy convincentes. Sin embargo, una única sustancia activa de origen vegetal no hace que un cosmético sea natural y sano. La cosmética natural debe cuidar y embellecer la piel de una manera suave, mediante sustancias de origen natural, y no puede incorporar ningún ingrediente de creación artificial o que sea siquiera sospechoso de perjudicar la salud. Es, al menos, lo que se espera de ella, pero todavía no existe una normativa legal que enumere las exigencias y establezca un sistema de control que garantice su cumplimiento. Por lo tanto, las grandes marcas de la belleza pueden emplear en sus eslóganes palabras como natural, ecológico, biológico y orgánico sin que los productos merezcan siempre estos calificativos. INGREDIENTES VEGETALES Si los ingredientes principales de la cosmética convencional proceden del petróleo, los de la cosmética natural son de origen vegetal. La industria cosmética convencional también utiliza ingredientes vegetales pero básicamente con fines comerciales. En muchos casos, el contenido real del ingrediente natural no llega al uno por ciento. Además, a menudo se extrae de la planta un principio activo –por ejemplo, las isoflavonas de la soja-, se desechan todos los demás, y se mezcla con decenas de ingredientes sintéticos. En cambio, en la cosmética natural todos los ingredientes son realmente naturales y se utilizan extractos, es decir, preparados obtenidos de la planta completa. Cuando se alude al poder hidratante del aloe o a la acción astringente de la rosa mosqueta se están describiendo los efectos del conjunto de sustancias presentes en cada una de esas plantas, y no solamente los de uno de sus componentes aislado. Las plantas medicinales producen efectos suaves y equilibrados porque sus componentes se controlan y colaboran entre sí. A diferencia de esas cremas convencionales que eliminan milagrosa y momentáneamente las arrugas inflamando ligeramente la piel, la cosmética natural no se lleva bien con las promesas exageradas ni con las trampas. AFINIDAD CON LA PIEL La cosmética natural parte de la idea de que las sustancias vegetales (seres vivos) sientan mejor a los seres humanos (también vivos) que los productos sobrantes de la producción del petróleo, aunque la base de estos también sea la química orgánica. Los aceites vegetales están formados por ácidos grasos que se encuentran igualmente en la piel. Se integran mucho mejor en el manto lipídico que las parafinas, aceites minerales, siliconas y otros derivados del petróleo que taponan los poros. Además, las grasas vegetales van acompañadas de nutrientes protectores y agentes antioxidantes que favorecen la regeneración de la piel. Es el caso de los aceites de germen de trigo, de aguacate o de espino amarillo, que contienen gran cantidad de vitaminas capaces de neutralizar la acción dañina de los radicales libres en la piel. Otros aceites son ricos en ácidos grasos insaturados, como el del hueso de albaricoque, el palma o el de onagra, que protegen la piel del resecamiento. El aceite de almendras dulces, en cambio, es muy suave y bien tolerado. Se utiliza como vehículo de otras sustancias activas vegetales. Como emulsionantes –sustancias que favorecen la mezcla de los ingredientes grasos, el agua y el resto de constituyentes del producto- la cosmética natural usa lecitina de soja

 

Revista Cuerpo Mente
No. 159 – Pag. 99




 
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